Espirales

(Taganga – Colombia)

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Taganga es un pueblo sin agua en el ardiente Caribe colombiano. El agua escasea en las casas y toca esperar el suministro de los camiones que circulan con la leyenda “Equidad para todos”. Los vecinos aguardan el tesoro líquido con sus baldes y bidones en las esquinas. Al olvido del Estado, se le suma el castigo de la sequía. La bahía está rodeada de cerros de un color verde pálido; faltan las lluvias que contagien vida a esta tierra.

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Una comunidad de lagartijas vive detrás del mapa del Parque Tayrona que decora la pared de la cocina. Salen por las noches, se persiguen entre sí, nos observan y emiten su sonido característico.

-¿Qué nos querrán decir?, pregunta Louis.
-Que el mundo no gira en círculos, sino en espiral.

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Esto se parece cada vez más al Borda. Un Borda poético. Un narigón salta la soga y pega patadas ninja al aire, ensaya caras de malo y después se pierde viendo la tele hasta quedarse dormido. El vecino se comunica con chiflidos y asoma su mano derecha por una ventanita triangular para comprar una fría. La gente juega al ajedrez en medio del calor aplastante y los gatos deambulan por los techos al acecho de Ra, la gata de la casa que está en celo. Cuando ella accede a enredarse, sucede un sexo fugaz, con más maullidos salvajes que orgasmos. “Eso es un polvo de gallos”, se ríe Marcela, antes de que Ra se vuelva a acostar en medio de las baldosas rojas en pose de vedette felina.

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Lo bueno es que, con el sol cálido de la mañana, se puede ir a caretear y dejarse volar por el agua. Y quedarse flotando despatarrado como un alga verdosa. Y jugar con los erizos y sus cosquillas de punzón. Y perseguir algún pez violeta del grosor de una feta. Entonces el tiempo y la cabeza se detienen, quedan en suspenso, como los mambos nuestros de cada día.

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Cada mediodía, las mujeres miran la novela. Dejan de trabajar por una hora en la que nada es más importante. Una prefiere el drama de las producciones brasileras, la otra el humor de las mexicanas. No les importa atrasarse con las tareas y llegar tarde a casa, solo quieren saber el destino de esas historias de amor imposible.

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En Taganga el vallenato marca las horas del día, gracias a él nace cada sol y cada luna. Y los cables son como pentagramas donde se posan los pájaros y hacen melodías. Y cuando se van dejan los cables pelados, sin música ni acorde alguno.

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Cada día los mapas se superponen sobre la mesa, las rutas de viaje se cruzan. Para arriba, abajo, en diagonal, sobre el papel todo camino es posible. En la mañana, las microdespedidas son un lugar común.DSC07505

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2 comentarios en “Espirales

  1. Como todo lo que han escrito sobre el viaje esta crònica es hermosa; realidad y poesìa amalgamadas para transmitir colores y sonidos invisibles para el lector.

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